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¿Castiga la Naturaleza a EEUU por agredir a Venezuela con sanciones y por el genocidio del 11-S?
por Hermán Mena Cifuentes
Lunes Septiembre 2017 - 08:50 AM

Caracas, 11 Sep. AVN.- Así como la mano del terrorismo de Estado lo castigó un día como hoy, hace 16 años, en un proceso diametralmente opuesto a la profecía de Simón Bolívar, Estados Unidos (EEUU) parece destinado por la naturaleza a ser plagado de miserias, a nombre de la justicia, con devastadores huracanes que están ahogando su economía, como castigo a las inmorales e ilegales sanciones con que pretende ahogar a Venezuela.
Como un bumerang, la naturaleza se devolvió contra la maldad de Donald Trump, que cegado por el odio y la ira, viendo que sus predecesores no pudieron con un golpe de Estado continuado de más de 18 años para destruir la Revolución Bolivariana, que encargaron a unos ineptos gobernantes de Estados vasallos latinoamericanos y europeos y a unos traidores criollos, decidió ejecutarla directamente con medidas propias de la mente de un psicópata asesino en serie.
Porque sólo a una mente socavada por la miseria humana pueden ocurrírsele acciones como esas sanciones contrarias a normas éticas, principios morales y tratados internacionales, dirigidas a matar de hambre a un pueblo y derrocar al Presidente de un Gobierno que ha contraatacado su accionar de terrorismo con un acto de solidaridad humana y una contraofensiva financiera que sorprendió al agresor y a sus asesores con su rápida respuesta.
En su legítimo derecho a la defensa, lo acompaña la naturaleza que en nombre de la justicia castigó la economía del imperio, desatando toda su furia sobre las aguas y tierra firme del Sur de EEUU con dos grandes huracanes que han provocado la pérdida de trillones de dólares, donde se concentra su industria turística y la petrolera, no a la venezolana, como Trump esperaba lo hicieran sus sanciones.
Primero fue Harvey, que a fines de agosto se abatió sobre las aguas del Golfo de México, paralizando las actividades de extracción de las plataformas petroleras que allí operan y en tierra firme inundando a Houston y otros pueblos y ciudades de Texas y Lousiana, perecieron más de un centenar de personas y dejando sin electricidad miles de hogares y suspendida la producción de petróleo.
También lo fue el bombeo de millones del energético a través del oleoducto de más de 5.000 km. que lo lleva a Nueva York, de donde es distribuido al resto de los pueblos y ciudades de la costa nororiental de la nación, provocando una aguda escasez de gasolina en la llamada Gran Manzana y el resto de la región, caos que aprovecharon inescrupulosos comerciantes para vender la poca que quedaba, en muchos casos al doble de su precio.
¿Y que hizo en cambio el Gobierno socialista de la República Bolivariana, que sólo aspira a la felicidad del pueblo y la del mundo, la nación agredida por las sanciones financiero-económicas de EEUU que buscan destruir a Petróleos de Venezuela (Pdvsa)? Lo que jamás haría un régimen capitalista como EEUU, que lo único que persigue es el afán de lucro.
Maduro, el presidente obrero, ordenó a CITCO, empresa venezolana que tiene miles de estaciones de servicio en EEUU y desde hace más de 15 años, en invierno, dona millones de litros de combustible a miles de pobres, indígenas y refugios de indigentes, que morirían de frío por carecer de calefacción, distribuir combustible gratuito a los conductores paralizados por falta de gasolina.
Cuando Texas, sus millones de habitantes y su industria petrolera aún no se recuperan del caos que sembró allí Harvey, en la madrugada del domingo apareció Irma, el huracán más devastador y grande de todos los que se han abatido sobre las islas del Caribe y a EEUU, en casi un siglo, para continuar castigando la economía del imperio, está vez la turística, que es el fuerte de Florida.
Lo hizo sobre ciudades en gran parte desiertas, abandonadas por millones de sus moradores que dominados por el pánico, para salvar sus vidas, protagonizaron un masivo éxodo en sus vehículos cuyo destino no podías ser otro que el Norte, ya que al Sur, al Este y Oeste, por vivir en una península, estaba el mar por donde venía Irma.
El ciclón mató pocas personas, pero causó trillones de dólares en daños materiales a la economía del imperio, parte del castigo que, invirtiendo la profecía de Bolívar, parece destinado por la naturaleza a ser plagado de miserias a nombre de la justicia con esos fenómenos meteorológicos por atentar contra la economía de Venezuela, un país del que se dice que todo aquel que la agrede “se seca”
Irma se abatió sobre Key West, Miami, Neple y otros enclaves turísticos sin electricidad suspendida en millones de hogares, industrias, centros comerciales y financieros inundados por las aguas de sus torrenciales lluvias y la suspensión del servicio generado por las plantas nucleares que abastecen de la energía al estado de Florida, ante el peligro de un desastre como el de Fukushima.
Y este lunes se retira del territorio de EEUU, precisamente cuando se cumplen 16 años del atentado terrorista más devastador de que haya sido víctima el pueblo estadounidense en toda su historia, un genocidio que el Gobierno yanqui atribuyó a Al Qaeda, organización terrorista liderada por Bin Laden, el ex agente que Washington utilizó en la guerra que expulsó a la Unión Soviética del país centroasiático.
Pero destacados científicos, expertos en siniestros y en manejo de explosivos, y periodistas, varios muertos en extraños “accidentes”, otro en encuentro con la policía, atribuyen el genocidio al Gobierno yanqui para justificar guerras de conquista que, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo, desataría en Afganistán, Irak, Libia, Somalia, Yemen y Siria para adueñarse de su petróleo, como pretende hacerlo hoy con el de Venezuela.
Y es que no cuadran “las mentiras”, que en opinión de quienes esgrimen la teoría del terrorismo de Estado, que segó las vidas de más de 3.000 seres humanos en un solo día, el 11 de septiembre de 2001, presentó el Gobierno de George W. Bush, “El Nerón del siglo XXI”, como verdad a través del informe de la Comisión especial designada por Washington para investigar la tragedia.
La teoría del terrorismo de Estado no es producto de un ligero examen realizado por un grupo de aficionados sino resultado de un exhaustivo estudio ejecutado por autoridades en la materia, ajenos a la actividad política, profesionales de diferentes áreas de la actividad humana que dedicaron gran parte de su ocupado tiempo a investigar todas y cada una de las huellas dejadas en “la escena del crimen” en informes, declaraciones y otros materiales.
Pruebas que contradicen lo afirmado por la citada comisión, poniendo al descubierto lo que a todos luces parece ser un crimen de lesa humanidad hasta ahora impune, y que permanecerá como tal, ya que si algún día se llega a constatar la verdad sus autores posiblemente ya habrán muerto pero al menos quedaría una vez más expuesto al desnudo el macabro y abyecto accionar de un imperio en su demencial afán por conquistar al mundo.
Como la que prueba que las Torres del World Trade Center no se desplomaron al estrellarse las aeronaves que las impactaron y el incendio subsiguiente sino por la detonación controlada de la carga de un poderoso explosivo colocado en las bases de sus estructuras, lo mismo que la Torre 7, contra la cual no se estrelló ningún avión y minutos después se desplomó como aquellas.
Que el avión que se estrelló en Pensilvana, una de cuyas turbinas se halló a decenas de metros del lugar de la tragedia y la otra a 7 kilómetros de distancia, no se precipitó a tierra como afirma el informe al perder su piloto el control durante la lucha entre los pasajeros y los supuestos secuestradores del aparato, sino que fue derribado por 2 cazas de la Fuerza Aérea que lo habrían abatido para que no se estrellara contra el Capitolio o la Casa Blanca.
Que “el avión” que se estrelló contra el primer piso del Pentágono no fue tal, ya que en el lugar del impacto se observa un boquete de 3 metros de diámetro, por el que habría pasado un misil teledirigido y una aeronave cuya envergadura es de decenas de metros y de cuyos restos no se encontró ni una sola pieza, como tampoco de sus tripulantes y pasajeros, de quienes no se halló un solo hueso.
Todos los intentos realizados para reabrir las investigaciones de los atentados del 11-S no han prosperado, cómo habrían de serlo si, de acuerdo con quienes lo han propuesto, pondría al descubierto oficialmente ese genocidio perpetrado por el gobierno de EEUU y sus autores reconocidos, como lo están hoy, burlándose de la justicia que tarda, pero llega, como llegará en este caso, algún día.
O tal vez ya lo esté haciendo, como parece estarlo en el marco de un proceso diametralmente opuesto a la profecía de Bolívar, destinado por la naturaleza a nombre de la justicia a ser plagado de miserias con devastadores huracanes que están ahogando su economía, como castigo a las inmorales, ilegales e ilegítimas sanciones con que pretende ahogar a Venezuela.