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En Caracas y Nueva York, Venezuela y sus aliados enfrentaron y vencieron aI imperio y sus vasallos
por Hermán Mena Cifuentes
Viernes Septiembre 2017 - 09:09 AM

Caracas, 22 Sep. AVN.- En Caracas y Nueva York tuvieron lugar tres eventos que se inscriben en la lucha de milenios que -a lo largo y ancho del mundo- libran las fuerzas luminosas del bien contra las oscuras legiones del mal, en las que Venezuela y sus aliados, los pueblos y gobernantes progresistas y revolucionarios del planeta, enfrentaron y vencieron a Estados Unidos (EEUU) y sus lacayos, gobernantes de Estados vasallos.
La lucha se dio en la Cumbre de Solidaridad por la Paz Todos Somos Venezuela, realizada entre el sábado 16 y el martes 19 de septiembre en la capital venezolana; en la reunión del día anterior entre Donald Trump, Juan Manuel Santos, Michel Temer, Juan Carlos Varela y Gabriela Michetti, en Nueva York, y en la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), templo de paz erigido por el mundo, profanado el martes por el Mandatario yanqui con su discurso de guerra y odio.
A la cita de Caracas asistieron más de 200 intelectuales y activistas políticos y sociales de 60 países de cinco continentes, que durante los cuatro días que duró el evento compartieron con sus anfitriones, pueblo y funcionarios del Gobierno Bolivariano ideas, planes y el mutuo e ineludible compromiso de lucha por la utopía de un mundo posible.
La Cumbre culminó con una marcha multitudinaria de invitados y anfitriones que partió desde las inmediaciones del Complejo Cultural Teresa Carreño, sede principal del evento, hasta el Palacio Presidencial de Miraflores y una declaración de apoyo al inédito y pacífico proyecto político e ideológico de Hugo Chávez, continuado por Nicolás Maduro, su hijo político y heredero de su legado libertario.
Al documento le siguió La Declaración Política de Nueva de Nueva York, emitido por el Movimiento de Países No Alineados (Mnoal), que agrupa a 129 países, que constituyen más de las dos terceras partes del total de los Estados miembros de la ONU, en el que se rechazan las medidas coercitivas y unilaterales impuestas por EEUU a Venezuela, prueba irrefutable de que la mayoría del mundo apoya a la Revolución Bolivariana.
“En el encuentro -informó el canciller venezolano Jorge Arreaza- se incluyó la propuesta de Venezuela de constituir un Frente Mundial por la Paz Mundial con la participación de las naciones miembros del Movimiento de Países No Alineados”.
La reunión de Trump y sus secuaces de Brasil, Colombia, Panamá y Argentina fue una especie de minicumbre de la Organización de Estados Americanos (OEA) con la que el presidente yanqui y los gobernantes de esos cuatro Estados vasallos pretenden revivir el cadáver del intento intervencionista del Ministerio de Colonias de EEUU, que se ahogó en la Playa de Cancún, devastado por un huracán de dignidad llamado “Delcy”.
Allí, en un lujoso hotel neoyorquino, el César imperial y sus súbditos, como aves carroñeras posadas sobre las ramas secas del árbol de su fracaso, cegados por el odio y el revanchismo, planificaron la nueva estrategia a seguir para derrocar a Maduro, el Presidente-obrero, soñando con que pronto asistirán al festín de buitres en el que devorar el cadáver de la Revolución Bolivariana que, de acuerdo con sus alegres cálculos, le será servido.
Azuzado por lo que decía Trump, asegurando que la situación en Venezuela es “insostenible”, que hay que salvar al pueblo venezolano de la “dictadura de Maduro” que, dijo, es una vergüenza, Santos, colocándose a la misma altura de su amo, manifestó:
“Lo que todos queremos es que Venezuela se convierta en una democracia nuevamente y estamos ejerciendo toda la presión posible para que ello vuelva a suceder, estamos trabajando unidos y mientras más unidos y coordinados estemos, más efectivos seremos en nuestro trabajo”, aseguró el neogranadino en un acto propio del desagradecido que olvida los favores recibidos.
Accionar tan innoble trae a la memoria las palabras que en labios de El Quijote puso Cervantes, diciendo que:
“De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben”. De lo que se desprende que es un “mal nacido” el que no lo hace.
Tan injustas y plagadas de mentiras y calumnias fueron las declaraciones hechas por Trump y Santos, como decir que que por culpa del socialismo “en Venezuela no hay democracia” y que indigna lo que ocurre en la patria de Simón Bolívar, de Chávez y Maduro “es una vergüenza”.
Vergüenza para la humanidad son ellos: Trump, Temer, Michetti y Santos para los pueblos que desgobiernan, que sufren por ausencia de justicia, seguridad y protección social, libertad y otros derechos fundamentales, por el capitalismo salvaje, donde el hombre explota y somete a hombre, mujeres, niños y ancianos con su modelo neoliberal y su devorador consumismo.
Como lo está el pueblo colombiano, inmerso en los abismos del genocidio y crímenes de lesa humanidad, víctima de la delincuencia organizada y desbordada que campea libremente en todos los estratos sociales, atizada por las drogas como la cocaína, de la que el país es líder mundial en producción, la cual se ha duplicado en los últimos dos años para poder abastecer a EEUU, su principal mercado y mayor consumidor de drogas del mundo.
Donde los paramilitares creados por los terratenientes y Uribe para combatir a la guerrilla, los que convirtieron a Colombia, junto con el ejército colombiano, en un gigantesco cementerio de fosas comunes, una vez desmovilizados conformaron bandas criminales que se han adueñado de pueblos y ciudades extorsionando, secuestrando y asesinando a miles de colombianos.
Otra fuente de criminalidad en Colombia son los sicarios que asesinan a líderes sociales pagados por terratenientes y grandes consorcios industriales del campo, que poseen la casi totalidad de la tierra cultivable, registrándose 12.262 muertes violentas en 2016 en el país que ocupa el tercer lugar en América Latina y el Caribe por dicha causa, después de México y Brasil, con un promedio de 33 homicidios diarios, un asesinato cada hora y media.
Similar panorama de explotación social exhibe Argentina, donde Mauricio Macri ha devuelto a la nación del Cono Sur a los años de “La Década Pérdida”, de la que la rescataron Néstor y Cristina, donde “la desocupación supera 10 % con miles de trabajadores despedidos por cierres de fábricas, con un promedio de 100 despidos diarios, en tanto la pobreza alcanza a uno de cada tres argentinos” y, para colmo, el desmesurado aumento de las tarifas de los servicios públicos.
En respuesta abundan huelgas, marchas y protesta en las calles, donde hoy viven miles porque a Macri se le ocurrió privatizarlo todo, siguiendo la receta del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, a lo que se suma “una ruinosa política de endeudamiento al colocar bonos de la deuda en dólares a 100 años, que incluye el pago de la deuda a los fondos buitres, lo que significa, en opinión de muchos economistas, la entrega de la soberanía del país.
El mismo panorama exhibe Brasil, el gigante sudamericano, uno de los países más ricos del planeta en recursos naturales, desgobernado por Michel Temer, el golpista que derrocó a Dilma, juzgado por graves delitos de corrupción, registra los índices más altos de desigualdad y delincuencia de la región, con millones de pobres viviendo en condiciones infrahumanas en el campo y las ciudades asoladas por las drogas y demás plagas sociales.
Contrasta ese panorama con la grosera e insolente riqueza de la oligarquía entronizada en todos los sectores de la economía, favorecida por la corrupción que afecta a los sectores oficial y privado, en los que se recrean el soborno y el chantaje, mientras en las favelas de las grandes ciudades el narcotráfico asesina a diario y en la selva amazónica su gente muere de hambre y en masacres.
De Panamá, no hay mucho que hablar, solo que, como destacan organismos especializados en monitoreo de ilícitas actividades, se le ubica en la lista de países que exhiben los mayores índices de corrupción del mundo. Como sospechoso de ese delito figura el presidente Varela, el mismo que se reunió con Trump, Temer y Michetti para atentar contra la Revolución Bolivariana.
La sospecha surgió a raíz de las declaraciones del abogado Ramón Fonseca, implicado en el escándalo de los Panamá Papers, quien acusó al Mandatario de haber financiado su campaña electoral con dinero proveniente de sobornos millonarios de parte de Obredecht, la constructora brasileña implicada en centenares de casos de corrupción de funcionarios en América Latina, como el presidente Ricardo Martinelli, de quien Varela fue su ministro y vicepresidente.
En cuanto a esa oda a la guerra que fue el discurso de Donald Trump en la 72ª Asamblea General de la ONU, dirigido a amenazar con la violencia, destrucción y muerte que genera a Corea del Norte, Irán, Siria y Venezuela, no hizo más que despertar las alarmas entre los representantes de los países miembros del foro mundial, que en su inmensa mayoría condena su apocalíptico mensaje, al tiempo que seguramente se preguntaba:
¿Con qué autoridad moral lo hace, si no tiene ninguna, para erigirse, una vez más, como gendarme y juez del mundo para amenazar con destruir a esos países, cuyos pueblos y gobiernos están concentrados en la defensa de su dignidad y soberanía, que peligran por acciones desestabilizadoras y amenazas de destrucción de parte de ese imperio, el más poderoso de la historia?
¿Cómo Trump tuvo esa noche el cinismo de decir que Venezuela es una vergüenza y usurpar la identidad del mundo hablando en nombre de los más de 7.000 millones de seres humanos que lo pueblan afirmando que “no podemos quedarnos de brazos cruzados. Queremos que el régimen rinda cuentas”, que “la dictadura socialista de Maduro es inaceptable” y otras sandeces?
Sus palabras evocan lo escrito por José Saramago como prólogo de El Nerón del Siglo XXI, biografía no autorizada de George W. Bush, del periodista James Hatfield, “suicidado” en extrañas circunstancias poco tiempo de publicarse su obra, pese a las amenazas de la Casa Blanca que trataron de impedirlo.
Y es que el Premio Nobel de literatura, al comentar sobre la personalidad del Mandatario yanqui y otros jefes de Estado del imperio, pareciera que hablara de Donald Trump, aunque falleció 6 años antes de que este asumiera la Presidencia, diciendo:
“Me pregunto cómo y por qué EEUU, un país en todo tan grande ha tenido tan pequeños presidentes”.
“George W. es quizá el más pequeño de todos. (evidentemente lo dijo porque no llegó a conocer a Trump).
“Inteligencia mediocre, ignorancia abisal, expresión verbal confusa y permanentemente atraído por la irresistible tentación del disparate, este hombre se presenta ante la humanidad con la pose grotesca de un cowboy que hubiera heredado el mundo y lo confundiera con una manada de ganado”.
“No sabemos lo que realmente piensa, no sabemos siquiera si piensa, (en el sentido noble de la palabra) no sabemos si en realidad será un robot mal programado que constantemente confunde y cambia los mensajes que lleva programado en su interior, pero honra le sea dada -al menos- una vez en la vida, hay en George Walker Bush, presidente de los EEUU, un programa que funciona a la perfección, el programa de la mentira”.
“El sabe que miente, sabe que nosotros sabemos que está mintiendo, pero por pertenecer a la tipología de comportamiento del mentiroso compulsivo, seguirá mintiendo aunque tenga delante de los ojos la más desnuda de las verdades, repetirá la mentira, incluso después de que la verdad le haya estallado ante su miso rostro”.
¡Mejor parecido con Donald Trump, imposible!
Porque ese mentiroso compulsivo que es Trump, debiera, como los cuatro lacayos que se reunieron con él en Nueva York, despojarse de la máscara de la falacia con que cubrieron sus rostros, y mirar el infierno en que han convertido a sus países, donde el pueblo paga injustamente por el inconmensurable daño que a sus vidas le ha ocasionado el capitalismo y que se agrava cada día y prosigue bajo el cómplice manto de la impunidad de sus mandatos.
No es de ninguna manera, “la inaceptable dictadura socialista”, como Trump llama con su insolencia a un sistema que está en cuanto a dignidad, lejos del indignante sistema capitalista que rige en EEUU, Argentina, Brasil y Panamá, como lo está en el universo la estrella más lejana del planeta Tierra.
Porque en Venezuela, a pesar del daño que causa la nefasta guerra de Cuarta Generación con sus componentes de guerra mediática, económica, política, diplomática, comercial, financiera, psicológica y monetaria desatada por el imperio y sus vasallos europeos y latinoamericanos, en el pueblo de Bolívar, de Chávez y Maduro no existen las plagas del capitalismo que asolan al pueblo de EEUU y demás países donde rige ese brutal sistema.
En Venezuela no existen los millones de “homeless”, los “Sin Techo” de EEUU que deambulan sin rumbo en cientos de ciudades, durmiendo bajo puentes o en plazas soportando hambre, frío o implacable sol, los que perdieron su trabajo y no pudieron continuar pagando la cuota mensual del crédito concedido por el banco con el que adquirieron sus viviendas y con medida de desahucio fueron arrojados a las calles.
No hay los millones de veteranos de las guerras de conquista imperiales, que afectados por el estrés postraumático causado por las visiones de muerte que vieron o por las matanzas que provocaron enloquecieron y viven abandonados a su suerte por quienes los engañaron diciéndoles que luchaban por la libertad, cuando la verdad es que lo hacían para sojuzgar pueblos y saquear sus recursos naturales.
Los que en súbito ataque de locura matan a sus compañeros de armas, a sus esposas, hijos y otros familiares, a sus vecinos y hasta desconocidos y terminan suicidándose, como lo hacen decenas de ellos todos los días ante la indiferencia de quienes los enviaron a la guerra.
O los millones de presos en las cárceles de EEUU, nación que tiene la mayor población carcelaria del planeta, en su inmensa mayoría negros y latinoamericanos que llegaron al país en busca de la quimera del “sueño americano”, el “american dream”, y frustrados o engañados cayeron en las garras de la droga, de la prostitución y demás plagas sociales que infestan a la sociedad estadounidense.
O los otros, que por tener la piel oscura como ellos fueron abatidos por las balas asesinas de los policías blancos que los matan a diario por considerarlos sospechosos o simplemente por el hecho de ser negros o latinos y son absueltos por jueces blancos, originando protestas brutalmente disueltas a punta de balas en nombre del racismo, crónica enfermedad de la sociedad yanqui.
Plagas que no existen en Venezuela, donde el socialismo, con sus principios éticos y morales, está presente en el inédito y pacífico proyecto político e ideológico de Chávez, continuado por Maduro, quien de la mano del pueblo venezolano y de los representantes de los demás pueblos progresistas y revolucionarios del planeta que en Caracas y Nueva York enfrentaron y vencieron al imperio y sus vasallos.