Agencia Venezolana de Noticias
Del cinismo e hipocresía de los fariseos de la MUD
por Hermán Mena Cifuentes
Lunes Septiembre 2017 - 10:35 AM

Caracas, 18 Sep. AVN.- Entre la sinceridad, “modo de expresarse libre de fingimiento”, y el cinismo, “desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”, existe una abisal diferencia, sin importar de quien provengan esas manifestaciones que distinguen claramente entre quien habla con franqueza y quien con su hipocresía pretende engañar al mundo.
Tal es el caso de Jhon Jairo Velásquez, alias “Popeye”, sicario que estuvo al servicio de Pablo Escobar, quien abiertamente admitió sus crímenes, y los dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática, quienes cínicamente los niegan a pesar de existir pruebas irrefutables de las masacres que perpetraron en su demencial afán por derrocar al presidente de la República, Nicolás Maduro, para destruir la Revolución Bolivariana.
Mientras Velásquez confiesa haber matado a más de 350 personas en varios años, los criminales de la MUD pretenden evadir su responsabilidad en las sangrientas tomas, trancas, barricadas y marchas violentas que realizaron en 122 días transcurridos entre abril y julio, en las que sus sicarios asesinaron a 130, entre ellas 9 quemadas, del total de 29 personas que recibieron fuego, mientras el resto sobrevivió con horribles quemaduras.
El sicario neogranadino confesó sus delitos y se entregó a la justicia pagando con 23 años de cárcel sus crímenes, pero Julio Borges, Freddy Guevara, Henrique Capriles y demás dirigentes de la golpista organización política prefieren esconderse detrás de la mentira y en un acto de inocultable hipocresía y cinismo extremo se rasgan las vestiduras pretendiendo pasar ante el mundo como inocentes criaturas.
Lo hacen como el delincuente que huye de la policía, gritando: “Allá va el ladrón, atrápenlo”, en su intento por desviar la atención de la justicia, pero no han podido engañarla, ya que todos sus crímenes han sido puestos al descubierto por la justicia que pronto ha de someterlos a juicio para que paguen por sus abyectos crímenes.
Será a través de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que abrió las puertas a la paz, la seguridad y la justicia de Venezuela, tras ser convocada por Maduro y creada por el pueblo venezolano que, respondiendo a su llamado, votó masivamente en las históricas elecciones del 30 de julio, dando nacimiento a esa institución que frenó la avalancha de violencia, destrucción y muerte desatada por la MUD durante años.
Y ahora, conscientes del fracaso de su violento intento por destruir la Revolución Bolivariana, viendo que no pueden hacerlo por ese medio, sobre su oscuro lomo de lobo se colocan el de la blanca piel de oveja y reconociendo al Consejo Nacional Electoral, de cuya transparencia negaron en las elecciones que perdieron y aprobaron en las que ganaron, acuden como mansos corderos a participar en los comicios que el 15 de octubre, cuando se elegirán a 23 gobernadores.
Lo hacen, en opinión de muchos analistas, para evitar ser condenados por los crímenes de lesa humanidad que perpetraron durante más de 18 años en el golpe de Estado ordenado por su amo, entre los que figuran el sabotaje petrolero, el boicot terrestre, marítimo y aéreo, el golpe de Estado del 11 de abril contra Hugo Chávez, la importación de mercenarios colombianos, La Salida y su última aventura golpista desatada entre entre abril y julio.
También lo hacen, siempre en opinión de los expertos, aceptando reanudar el diálogo al que Maduro los viene convocando durante años para sacar ventaja del mismo, que una vez aceptaron y del que apenas iniciado se retiraron después que Barack Obama envió a Thomas Shannon a Venezuela, quien invitó a los dirigentes de la MUD a la embajada yanqui, y a pocas horas “patearon la mesa”.
Volvieron otra vez, siempre gracias a la insistencia del Presidente-obrero, quien viajó por el mundo en busca del apoyo de gente amante de la paz que desearan ayudar el diálogo y lo encontró en el papa Francisco, tras entrevistarse con él en el Vaticano, en los expresidentes Leonel Fernández, en República Dominicana; en Martín Torrijos, en Panamá, y en José Luis Rodríguez Zapatero, en España.
Renació otra vez la esperanza de que lo habría, pero de nuevo surgió la terca negativa de la dirigencia de la MUD que, desconociendo la reconocida voluntad de paz de Francisco, ofendió su dignidad y la de los exmandatarios, rechazando sentarse a la mesa, que comprobó -una vez más- su vocación por la violencia y su rechazo a la paz del diálogo civilizado.
Pero el deseo de paz y al amor y el rechazo a la guerra y al odio que hay en Maduro le hizo retomar un nuevo impulso, y esta vez por iniciativa del presidente Danilo Medina, de República Dominicana, y del exmandatario Rodríguez Zapatero, participó durante una serie de reuniones secretas con dirigentes de la MUD, que culminaron con un acuerdo de dialogar el 27 de septiembre en Quisqueya.
El anuncio de la reunión provocó gran júbilo en la mayoría de la comunidad internacional, que espera ansiosa la aprobación de un acuerdo que ponga fin a la espiral de violencia, destrucción y muerte que durante más de 18 años despliega Estados Unidos y sus vasallos criollos y extranjeros empecinados en destruir el inédito y pacífico proyecto político e ideológico de Chávez, continuado por Maduro.
Una vez designados los países cuyos representantes participarán como mediadores en el diálogo, sólo se esperaba el inicio de las conversaciones, cuando, para sorpresa de algunos, no de todos, ya que la mayoría, acostumbrada como está a las veleidades y el contradictorio accionar de los dirigentes de la MUD, no se sorprendió cuando Julio Borges declaró:
“Importante: reitero a Venezuela y al mundo que hoy no hay diálogo ni lo habrá hasta que cumplan condiciones dichas en comunicado de la unidad (la MUD), entre las que destaca entre esas demandas la liberación de los “presos políticos” (como la oposición llama a los político presos por atentar contra la seguridad del Estado) y la restitución de las competencias a la desacatada a la Asamblea Nacional”.
“Que cualquier proceso de diálogo que se establezca será con el objetivo de un cambio de Gobierno de forma democrática”.
Por su parte, el diputado opositor Luis Florido ratificó lo afirmado por Borges, diciendo que todavía “no ha arrancado ningún diálogo sino un proceso exploratorio” y que “mientras haya “presos políticos” no habrá negociación”.
El también opositor alcalde de Baruta, Gerardo Blyde, fue aún más lejos en sus declaraciones al manifestar que: “El proceso para iniciar un posible diálogo entre el Gobierno y la oposición es 'incipiente' y nada novedoso. Estos acercamientos de exploración ya han sido promovidos sin resultados”.
A esas descalificaciones al proceso de diálogo se sumó Jorge Urosa Savino, cardenal y arzobispo de Caracas, miembro de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), enemiga jurada de la Revolución Bolivariana, como lo fue hace más de dos siglos la jerarquía de la Iglesia Católica y otros sacerdotes, a quienes denunció Simón Bolívar en el Manifiesto de Cartagena como responsables, en gran parte, de la caída de la Primera República.
“La fase exploratoria para el diálogo entre el Gobierno y la oposición -dijo- es 'extemporánea', porque en este momento lo prioritario son las regionales. Ese es el objetivo fundamental. Las elecciones de gobernadores son importantes para establecer el inicio del cambio del Gobierno en el país”.
“Ahora no se debe debatir si hay diálogo o no. El diálogo distrae la atención de la oposición”, dijo con cierta preocupación.
Pareciera que su excelencia el cardenal “está contando los pollos antes de nacer”, soñando quizás con ver muy pronto de regreso al país a su querido sobrino David Smolansky, exalcalde de El Hatillo, golpista y prófugo de la justicia, una vez que con su apoyo y el de sus hermanos de la CEV haya cambiado el Gobierno.
Como lo logró, según afirma Bolívar en aquel histórico documento escrito el 12 de diciembre de 1812, “la influencia eclesiástica -que- tuvo, después del terremoto, una parte muy considerable en la sublevación de los lugares y ciudades subalternas y en la introducción de los enemigos en el país, abusando sacrílegamente de la santidad de su ministerio a favor de los promotores de la guerra civil”.
Pero los tiempos han cambiado, y tanto el pueblo como el Gobierno de Maduro aprendieron las lecciones de la historia, y de la mano de la justicia, que tarda pero llega, acabó con la impunidad de dos siglos en Venezuela, resistiendo con dignidad y valentía los embates de la agresión de un nuevo imperio y sus secuaces, contando además con la solidaridad de los gobiernos y pueblos progresistas y revolucionarios del planeta.
Como los centenares de mujeres y hombres progresistas y revolucionarios llegados de los 5 continentes que desde ayer participan en el Diálogo por la Paz y Solidaridad Todos somos Venezuela, para demostrarle a Estados Unidos y sus lacayos imperiales que la Revolución Bolivariana no está sola, que la defienden por ser como ellos y ellas, avanzada de la utopía de ese mundo posible con el que sueñan los oprimidos del planeta.
“Contra esa agresión, contra esa amenaza –como dijo el canciller Jorge Arreaza al darles la bienvenida- del Gobierno del presidente Trump. Esa amenaza del uso de la fuerza, violando todo el derecho internacional y la más elemental racionalidad en este momento histórico, ha hecho que muchos movimientos sociales y personalidades se han manifestado y están dispuestos a participar (en su defensa)”.
“El gran objetivo va más allá de la defensa de la Revolución Bolivariana, de la neutralización de la violencia de la guerra, de las sanciones económicas, de la amenaza militar contra Venezuela: es una gran agenda de coordinación de las políticas de la defensa de la humanidad”.
El ministro anunció que mañana martes se realizará en Caracas una gran marcha antiimperialista por la vida y por la humanidad, con la participación de los revolucionarios invitados y del pueblo venezolano.
Durante los dos primeros días del evento se escucharon los discursos de destacados dirigentes revolucionarios de diversas nacionalidades, quienes demostraron tener un amplio conocimiento de la justa causa del inédito y pacífico proyecto, magna obra de Chávez y de la situación del país asediado por Estados Unidos y sus lacayos europeos, latinoamericanos y criollos.
A juicio de los analistas, la Cumbre Todos somos Venezuela constituye una acción disuasiva de trascendental e histórica importancia llamada a frenar los ímpetus belicistas de un imperio codicioso que pretende adueñarse del mundo sin darse cuenta de que en tantas guerras de conquista desatadas se ha desgastado y perdido la hegemonía que antes tenía.
Que lo sepan sus lacayos criollos, que ya no cuentan con su poder perdido y no asimilan esa pérdida, y como “bullies” de barrio amenazan al Gobierno de Maduro con no participar en el diálogo si no les concede sus absurdas e inaceptables condiciones.
Debe saber que de no asistir esta vez a la cita a la que tantas veces han faltado, no tendrán otro camino que tomar que el que conduce al basurero de la historia.