Agencia Venezolana de Noticias
Un discurso memorable, como los de Chávez, Fidel, El Che, Gadafi y Mandela
por Hermán Mena Cifuentes
Jueves Septiembre 2017 - 09:01 AM

Caracas, 28 Sep. AVN.- Es natural que huela a azufre en las regiones volcánicas, elemento que en la edad media, por abundar cerca de los cráteres, se creía que era las puertas del infierno y el azufre, el olor del Diablo. Lo increíble es que su hedor llegara a la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en Nueva York, donde pudo percibirlo Hugo Chávez, como lo después lo haría Jorge Arreaza mientras pronunciaba otro discurso memorable como el del eterno comandante.
Chávez lo hizo el 20 de septiembre de 2006, después de que allí, el día anterior, hablara George W. Bush, “El Nerón del Siglo XXI”, mientras que el canciller venezolano lo percibió 6 días después de que en esa misma tribuna Donald Trump se dirigiera al mundo con su oda al odio y a la guerra y su espiral de violencia, destrucción y muerte, acompañada de una enorme carga de ignorancia, soberbia y prepotencia.
Las intervenciones del mandatario y del canciller forman hoy parte de la serie de discursos memorables pronunciados en el foro mundial por relevantes personalidades como Mandela, Fidel, El “Che”, Gadafi y otros líderes creadores de procesos progresistas y revolucionarios que cambiaron el rumbo de la historia, no sólo de sus pueblos sino también de la humanidad.
Aquel día de septiembre, el eterno y supremo comandante hizo historia con su alocución que, tras el protocolar saludo a la audiencia, teniendo en sus manos un libro, inició diciendo:
“En primer lugar quiero invitarles con mucho respeto a quienes no hayan podido leer este libro a que lo leamos. Noam Chomsky, uno de los más prestigiosos intelectuales de esta América y del mundo, Chomsky, uno de sus más recientes trabajos: Hegemonía o Supervivencia. La Estrategia Imperialista de Estados Unidos”.
“Excelente trabajo para entender lo que ha pasado en el mundo del siglo XX, lo que hoy está pasando y la más grande amenaza que se cierne sobre nuestro planeta: La pretensión hegemónica del imperialismo pone en riesgo la supervivencia misma de la especie humana. Seguimos alertando sobre ese peligro y haciendo un llamado al propio pueblo de los Estados Unidos y al mundo para detener esta amenaza que es como la propia espada de Damocles.
“Miren, yo creo que los primeros ciudadanos que deberían leer este libro son los ciudadanos y ciudadanas hermanos y hermanas de los Estados Unidos, porque la amenaza la tienen en su propia casa, el Diablo está en casa pues. El Diablo, el propio Diablo está en casa”.
“Ayer vino el Diablo aquí, ayer estuvo el Diablo aquí, en este mismo lugar. !Huele a azufre todavía en esta misma mesa donde me ha tocado hablar! Ayer, señoras, señores, desde esta misma tribuna el señor presidente de los Estados Unidos, a quien yo llamo “El Diablo”, vino aquí hablando como dueño del mundo”.
Y para asombro de los presentes y de quienes por televisión lo observaban en todo el mundo, como lo haría un sacerdote, dio inicio a un acto de exorcismo durante el cual fueron saliendo a la luz, espantados por sus denuncias, los demonios incorporados en el alma y cuerpo del Nerón del Siglo XXI, pero que luego habrían de alojarse en las almas y cuerpos de Barack Obama y Donald Trump.
“Un psiquiatra no estaría de más para analizar el discurso de ayer del presidente de los Estados Unidos. Como vocero del imperialismo vino a dar sus recetas para tratar de mantener el actual esquema de dominación, de explotación y de saqueo a los pueblos del mundo”.
“Para una película de Alfred Hitchcok estaría bueno, incluso, yo propondría un título: La Receta del Diablo”.
Abandonó Bush Jr. la presidencia de EEUU no sin antes aplicar su diabólica receta de violencia, destrucción y muerte a lo largo y ancho del planeta, tal como lo vislumbró con su visión de profeta el supremo comandante. Le sucedió Obama, matando la esperanza de felicidad que prometió al mundo, ya que durante los 8 años de su mandato el Premio Nobel de la Paz se dedicó a hacer la guerra.
Y llegó Trump a la Casa Blanca, convertido en una amenaza aún peor que el resto de todos mandatarios que a lo largo de la historia han llegado a la Presidencia de EEUU país que, como profetizó Bolívar, “parece destinado por la providencia a plagar de miserias a la América a nombre la libertad”, pero que su compulsiva y demencial codicia lo llevó a plagar de ellas al mundo entero.
Y fue a ese ambicioso empresario, que no teniendo más que desear, pues lo tenía todo, que se le ocurrió alcanzar la Presidencia del imperio más poderoso de la historia y la alcanzó para desgracia de la humanidad, porque en lo impredecible de su locura podría desatar una guerra convencional, como con la que amenaza a Venezuela, o un conflicto nuclear contra Corea del Norte, que significaría el fin de todo vestigio de vida sobre la tierra.
A ese mensajero de odio, guerra y muerte respondió Jorge Arreaza con su mensaje de amor, paz y vida ante la escrutadora mirada de los representantes del mundo puesta en la figura del bisoño miembro del exclusivo “club” de oradores, que es el foro mundial, y de los ojos y oídos de los millones de hombres y mujeres del planeta, que aman la vida, la paz y rechazan la muerte y guerra.
Y no los defraudó el joven canciller, quien, pese a no tener la vasta experiencia en esas lides como la de aquellos líderes antes mencionados, dio clara muestra de seguir sus pasos, por lo que no es de extrañar que a medida que vaya interviniendo en nuevos escenarios del difícil arte de la diplomacia llegue a convertirse en uno de ellos, ya que cualidades le sobran.
De allí que a medida que avanzaba su discurso fueron cayendo como llagas purulentas los restos del monstruoso cuerpo plagado de mentiras, calumnias, amenazas de guerra y odio criminal expuesto durante la alocución de Trump, como una pieza más del macabro prontuario delictivo que exhibe Estados Unidos desde el mismo momento de su creación como Estado.
“Hoy más que nunca está presente el 'Aquí huele a azufre', dijo Arreaza evocando las palabras del comandante eterno, dando a entender que en la tribuna donde seis días antes habló Trump volvió a inundarse con el hedor de ese elemento que, según muchos cristianos, es propio del diablo.
Denunció que “la ONU ha sido atacada y ofendida, una y otra vez, por poderes arrogantes que imponen sus reglas de juego”, en clara referencia a las declaraciones que en tal sentido hizo Trump recientemente.
Que está en la obligación de denunciar ante el mundo que nuestro pueblo ha sido amenazado por el presidente Trump con la fuerza militar más poderosa del mundo.
Que la administración Trump también impuso sanciones ilegales a la economía para hacer sufrir a nuestro pueblo y dijo que Venezuela siempre procurará el diálogo con el respeto mutuo con Estados Unidos.
Y en un acto de solidaridad característico de la línea de conducta de la Revolución Bolivariana, condenó las sanciones de EEUU contra Rusia e Irán y, muy especialmente, la extensión del criminal bloqueo que el imperio impuso desde hace más de medio siglo al pueblo cubano.
“Recordemos -destacó igualmente- que ya el presidente Barack Obama, con un estilo diferente, pero con el mismo objetivo, había definido con una orden ejecutiva a la República Bolivariana de Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos el 9 de marzo de 2015”.
Y que “como pueblo libre que somos, estamos dispuestos a defender nuestra soberanía, nuestra independencia y nuestra democracia en cualquier escenario y bajo cualquier modalidad”, dijo en el marco de esa denuncia constante que fue su alocución, expresión de rebeldía e indoblegable voluntad de resistencia de un pueblo revolucionario cuyos hijos e hijas están dispuestos a entregar sus vida, si fuese necesario.
Lo harán como lo hicieron sus antepasados, el pueblo originario, los esclavos negros y los héroes y mártires de nuestra primera independencia, combatiendo a un imperio que pretende conquistar al mundo agrediendo a pueblos y gobiernos, como el venezolano, negados a convertirse en sus lacayos.
No como esos gobernantes de Estados vasallos extranjeros y los apátridas traidores criollos que que por un puñado de dólares traicionaron normas éticas y principios morales entregando la soberanía de sus pueblos a EEUU por un puñado de dólares.
Y eso es lo que Washington no perdona a la Venezuela de la socialista Revolución Bolivariana, que resiste con dignidad, estoicismo y valentía los embates del imperio y sus secuaces liderados por Donald Trump, impredecible y demente Mandatario.
De ese orate y la horda de modernos cruzados, mercenarios al servicio de un imperio que en demencial afán pretende destruir el inédito y pacífico proyecto político e ideológico de Chávez, continuado por Nicolás Maduro, como lo denuncio el lunes en la ONU el canciller Jorge Arreaza en un discurso memorable como los pronunciados allí por Chávez, Fidel, El Che, Mandela y Gadafi.