Agencia Venezolana de Noticias
Fracasó la MUD al usar la Semana Santa para reeditar el 11-A y La Salida
por Hernán Mena Cifuentes
Lunes Abril 2017 - 08:10 AM

Pese a su fracaso de 18 años, los golpistas de la MUD y sus violentos, en su demencial afán por destruir la Revolución Bolivariana usan cuanto medio les viene a sus trastornadas mentes, pero nadie imaginó que tratando de reeditar el 11-A y La Salida, esta vez incendiarían las calles usando la Semana Santa, símbolo de amor y paz y promesa de vida eterna de Jesús a quienes renuncian a la violencia.
Disminuida su capacidad de convocatoria y las grandes marchas que prometían la “Toma de Caracas” y la “Toma de Venezuela”, convertidas en caminatas escuálidas como ellos, regresaron cansados y frustrados a sus baluartes, los sectores residenciales del Este y Sudeste de Caracas y otros exclusivos centros urbanos del interior, única fuente de su fuerza.
Pero envalentonados por los bombardeos de su amo en Siria y la insolente sugerencia de Kurt Tidd, quien sugirió intervenir en Venezuela, en los Días Santos se llenaron de “tísicas esperanzas”, se pusieron sus franelas Adidas y Levys, se calzaron sus Skechers y se fueron a “guarimbiar” a colocar “guayas” asesinas, quemar y saquear comercios y golpear guardias nacionales y policías.
Jubilosos se frotaban las manos. “Esta vez sí, va a caer Maduro”, dijeron sus líderes, y llegaron a la Iglesia, no orar por la paz de Venezuela, amenazada por ellos y la del mundo amenazada por Trump y sus “halcones” que lanzaron sobre Afganistán “la madre de todas las bombas” en Afganistán, que pensaron mataría a miles y solo mataron a poco mas de una treintena.
El plan de los golpistas era reeditar el 11 de Abril de 2002 que derrocó fugazmente a Chávez, a quien el pueblo y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, fieles al eterno y supremo comandante en menos de 48 horas lo devolvieron al poder, y quien en noble y magnánimo gesto perdonó a esa canalla que malagradecida volvió a sus andanzas conspirativas.
Pusieron en marcha un plan diseñado por los think tanks imperiales apoyado por los medios mercenarios internacionales que enviaron un contingente de pseudo-periodistas, soldados de la Guerra de Cuarta Generación que junto con sus colegas criollos lanzaron una ofensiva de desinformación y manipulación de las noticias, tarea en la que tienen vasta experiencia.
Su misión consistió en informar que las víctimas de los terroristas contratados para azuzar a los participaban en las “pacíficas” marchas lanzando piedras, bombas molotov, que dañaron sedes de organismos oficiales, un plantel escolar, varios módulos del Metro y metrobuses, vehículos de Mercal, usados para transportar alimentos del Clap, fueron asesinados por la GNB y la PNB.
Ninguna de sus notas informaron que esos violentos sacaron de un cementerio, lozas de tumbas y ataúdes de fosas para usarlos de obstáculos para trancar una autopista, pero sí, utilizaron gráficas de marchas pacíficas realizadas hace tiempo en otros países, diciendo que esas brutales represiones estaban ocurriendo en Venezuela.
Deseaba muertos y los buscaron en las marchas violentas mal disimuladas de “pacíficas en las que los participantes, azuzados por los terroristas contratados agredieron al equipo de un medio oficial que cubría esos eventos y provocaban con sus agresiones a guardias nacionales, policías para que respondieran con violencia y cayeran en la trampa para denunciar que ellos eran los violentos. .
Y como los medios mercenarios no alcanzaban la cuota de víctimas requerida para denunciar “el genocidio del régimen”, recurrieron una vez más a la mentira a que están acostumbrados, aumentando a más de una decenas la cifra de caídos, usando el nombre de personas fallecida por causas ajenas, de las que dijeron en sus notas que habían sido asesinadas por la GNB y la PNB.
Pero su mentira fue puesta al descubierto, cuando en “Cayendo y Corriendo”, espacio televisivo que dirige el filósofo Miguel Ángel Pérez Pirela, entrevistó a la hija de una anciana de 85 años que esos falsos periodistas, dijeron que había muerto asfixiada por las bombas lacrimógenas lanzadas por la PNB y la GNB.
“Mi madre falleció a causa de una Accidente Cerebro Vascular, un ACV, aclaró ante las cámaras la dama, afligida, visiblemente indignada por la falacia de esos medios mercenarios.
Otra mentira fue la versión de la muerte de un menor de 13 años, quien dijeron fue asesinado a balazos por las autoridades en su hogar, cuando se comprobó que murió durante un atraco al apartamento donde vivía con sus padres, una de las más de un millón y medio soluciones habitacionales de la Gran Misión Vivienda Venezuela entregadas al pueblo por la Revolución Bolvariana.
Y es que su diabólico plan también busca reeditar La Salida, desatada en febrero de 2014 y liderada por Leopoldo López, María “Mentira” Machado y Antonio Ledezma, que dejó 43 muertos, más de 860 heridos, que quemaron decenas de ambulancias, patrullas policiales, metrobuses, camiones-cisternas cargados de gasolina, la biblioteca de una universidad con miles de libros, una exposición de arte y miles de hectáreas de vegetación del Waraira Repano.
Que sus violentos talaron miles de árboles para levantar barricadas y tendieron sobre las vías “guayas-asesinas que degollaron a dos motorizados, que incendiaron una casa-cuna con 89 bebés en su interior que milagrosamente se salvaron gracias a la rápida y heroica acción de los bomberos.
Y esta Semana Santa, en “Imitación del Diablo”, llevó a varios dirigentes de la MUD, que agrupa a esos desestabilizadores de oficio a una iglesia colmada de fieles, donde se celebraba la misa previa a la tradicional procesión del Nazareno de San Pablo, y sentaron en los primero bancos, frente al Altar Mayor.
Estaban dispuestos a “asestar lo que pensaban sería el Golpe de Gracia” al gobierno bolivariano de Nicolás Maduro quien al día siguiente cumplía cuatro años de haber vencido en democráticos comicios a Henrique Capriles Radonski, golpista de oficio y perdedor de siempre.
El mismo que al día siguiente de su derrota, frustrado e iracundo ordenó a sus violentos “sacarse la arrechera en la calle, que obedientes, desencadenaron una orgía de violencia, destrucción y muerte en 14 ciudades, matando a 11venezolanos inocentes, un niño y dos mujeres entre ellos.
El plan ejecutado esta Semana Santa por los golpistas, tenía además el componente de la hipocresía oculta tras la fachada del respeto y amor a Dios que no tienen y fingían tener esos fariseos, que al finalizar la Homilia oficiada por otro golpista, el Cardenal Jorge Urosa, tal como habían acorda00do, se levantaron de sus asientos y en coro gritaron: “libertad, libertad.
Era la señal convenida para que un grupo de sus seguidores que asistían a la misa se unieran a sus insultos que empezaron a lanzar contra el jefe del Estado, el gobierno y la Revolución Bolivariana, ofensas que recibieron la justa respuesta de los fieles bolivarianos que allí se hallaban, que los obligaron a huir del templo.
Había fracasado otra de sus maniobras desestabilizadoras que esta vez tenía el agravante de la desobediencia al llamado de amor y paz y al diálogo del Papa Francisco, que desoyeron para tomar, como siempre lo han hecho, el camino de la violencia, de la que al día siguiente el Sumo Pontífice dijo:
¨”La violencia no es la cura para nuestro mundo roto”.
Y acto seguido, visiblemente triste y acongojado por la trágica realidad que viven los millones de seres humanos víctimas de la violencia de las guerras desatadas por los promotores de la guerra, pregunto:
“¿La violencia, permite alcanzar objetivos de valores duraderos? ¿Todo lo que se obtiene, no es quizás solo desencadenar represalias y espirales de conflictos letales que llevan beneficios solo a unos pocos “Señores de la Guerra?
Lastima el corazón de todos los que aman la paz, que su sabia reflexión no logre ablandar las conciencias de esos mercaderes del odio que amasan grandes ganancias con la muerte, que llevan sufrimiento a los millones de víctimas de esos conflictos que como dice Francisco, con su violencia han roto al mundo.
Porque esos hipócritas y farsantes fariseos como son los apátridas vasallos del Imperio yanqui, que con su violencia pretenden arrojar a los abismo de la guerra a un pueblo que ama la paz, la vida y la armonía con los hermanos pueblos del planeta, no entienden ni jamás entenderán su mensaje porque se lo impide la miseria humana que corroe sus mentes enfermas de odio e ira.
Porque su propósito es desatar violencia, como lo hicieron esta Semana Santa pretendiendo también reeditar La Salida, desatada en febrero de 2014 por Leopoldo López, María “Mentira” Machado y Antonio Ledezma, que dejó 43 muertos más de 860 heridos,
decenas de ambulancias, patrullas policiales, metrobuses, camiones cisternas de gasolina, bibliotecas con miles de libros, una exposición de arte y miles de hectáreas de vegetación del Waraira Repano incendiados.
Miles de árboles talados para levantar barricadas y tender “guayas” asesinas en avenidas, que mataron a dos motorizados y prendieron fuego a una casa-cuna con 89 bebes en su interior que se salvaron gracias a la intervención de abnegados y heroicos bomberos, orgía de violencia y odió que además causó pérdidas materiales estimadas en más de 15 mil millones de dólares.
Que llegaron el miércoles a la Iglesia llena de fieles donde se celebraba la misa previa a la tradicional procesión del Nazareno de San Pablo de y sentaron en los primeros bancos frente al Altar Mayor, dispuestos a asestar “el golpe de gracia” al Presidente-Obrero que el 14-A cumplió 4 años de haber sido elegido presidente venciendo al golpista de oficio, Henrique Capriles Radonski.
El mismo que al día siguiente, lleno de frustración e ira, ordenó a sus violentos “sacarse la arrechera”, y ellos, en una orgía de violencia, muerte y destrucción mataron a 11 venezolanos, 2 niños y una mujer entre ellos; causaron cuantiosos daños materiales al atacar una sede del PSUV y varios CDI, donde destrozaron equipos y amenazaron de muerte a los médicos cubanos y venezolanos que allí se hallaban salvando vidas.
Esta vez su plan tenía el perverso componente de la hipocresía oculto tras la fachada de amor y respeto a Dios que fingían esos fariseos, y justo cuando finalizó la homilía, tal como lo habían planificado se levantaron de sus asientos, en coro gritaron: “Libertad, Libertad”, una señal a sus seguidores que allí habían, para que salieran a desatar aún más violencia de la que había. .
Su acción tenía el agravante de la desobediencia al llamado de amor y paz y de diálogo hecho por el Papa en esos días. Cuando dijo que
“La violencia no es la cura para nuestro mundo roto”.
Un llamado como hecho especialmente para ellos, que piden la muerte que traería la intervención militar de los EEUU en Venezuela, que no es más que la guerra con todos sus horrores, llamado igualmente dirigido para quienes como ellos la aman porque viven de ella y por eso fue que también dijo:
“Me viene pedir con más fuerza para este mundo sumiso a los traficantes de armas que ganan con la sangre de los hombres y mujeres” y acto seguido, en sabia advertencias para que se evites ese crimen de lesa humanidad generado por el vicio de la violencia, se preguntó:
“¿La violencia permite alcanzar objetivos de valores duraderos? ¿Todo lo que se obtiene no es quizás solo desencadenar represalias y espirales de conflictos letales que llevan beneficios solo a unos pocos “Señores de la Guerra?
Pero esos hipócritas y farsantes fariseos no entienden ni jamás lo entenderán, porque en sus mentes corroídas por la miseria humana solo hay espacio para la ambición y la codicia que están siempre en su imposible sueño de destruir al inédito y pacífico proyecto político e ideológico, magna creación de Chávez continuado por Maduro, su hijo político y heredero de su legado libertario.
Una vez más su llamado a la violencia no tuvo el eco que esperaban, ya que allí había gente del pueblo, los que aman a Chávez, los que el 13-A bajaron en avalancha humana de los cerros y se aferraron a la verja del Palacio de Miraflores exigiéndole a los golpistas que se hallaban en su interior festejando en festín de buitres lo que creían el cadáver de la Revolución Bolivariana, a los que le gritaban: “Devuélvannos nuestro “su sueño”.
Y es que su sueño era Chávez y la Revolución Bolivariana.
Y como lo hicieron el 13-A, como buitres espantados de las ramas de los árboles donde esperaban devorar su presa, así salieron el miércoles de la iglesia a proseguir en la calle con esa nueva fase del Golpe de Estado continuado de más de 18 años, y que desde el 1º de abril cuando empezó, ha dejado una estela de violencia, calumnias y mentiras.
Como miente el Cardenal Urosa que ofició la misa en el templo, quien en su sermón al pronunciarse sobre la ola de violencia desatada por la oposición golpista en lo que va del mes, en clara parcialidad con sus cómplices la atr ibuyó a “la Represión desmedida de los cuerpos de seguridad y a las acciones de los colectivos”.
Como lo hace igualmente el también Cardenal Baltazar Porras, quien culpó al gobierno de atizar el fuego con discursos guerreristas en días que deberían ser de paz y tranquilidad”.
Lo dice quien no tiene autoridad moral para hacerlo, un conspirador de oficio que lleva años atentando contra el gobierno venezolano y sus líderes, especialmente contra Chávez hacia al que tuvo un gran odio, vicio moral y pecado capital que no debe existir en el corazón de ningún cristiano, menos en quien como él deber ser ejemplo de amor y uno de sus guías espirituales.
Porras exhibe un amplio prontuario de desestabilizador enemigo de la Revolución Bolivariana, ya que su nombre y el de otros jerarcas de la Iglesia Católica venezolana figuran en algunas de las listas publicadas como firmante del decreto de apoyo al golpista Pedro Carmona Estanga que derrocó a Chávez, suprimió todos los poderes públicos y destituyó a sus titulares el 11 de abril de 2002.
Que aparece en uno de cientos de miles de cables filtrados por Wikileaks pidiendo a Washington “hablar más claro en contra de Hugo Chávez” y a los gobiernos europeos de “haber sido muy débiles en su posición contra el mandatario” y otras graves señalamientos como el que le hizo el Presidente Maduro cuando era canciller de Chávez, llamándolo “Adeco con Sotana.”
No es extrañar esa posición de la Iglesia Católica, de sus jerarcas y muchos curas, que con honrosas excepciones son acérrimos enemigos de los procesos revolucionarios y sus líderes, actuación que se remonta a más de 200 años, como lo afirma Bolívar en el Manifiesto de Cartagena, acusándolos de haber cómplices de la conspiración que condujo a la Caída de la Primera República.
“La influencia eclesiástica tuvo, después del terremoto, -afirma El Libertador en el histórico documento- una parte muy considerable en la sublevación de los lugares y ciudades subalternas y en la introducción de los enemigos en el país; abusando sacrílegamente de la santidad de su ministerio a favor de los promotores de la guerra civil”.
“Sin embargo, -señala- debemos confesar ingenuamente que estos traidores sacerdotes se animaban a cometer los execrables crímenes de que justamente se les acusa, porque la impunidad de los delitos era absoluta.”
Esa Conspiración e Impunidad sobrevivieron en Venezuela gracias al apoyo que durante 2 siglos, la traición recibió de la impunidad, plaga que Maduro, está acabando con ayuda de “La Justicia, que aunque cojea, rara vez deja alcanzar al criminal en su carrera”, y pese a que ha tardado en hacerlo, le está llegando el fin de sus días y hoy son varios los traidores que están presos y pronto serán más.
Esto tiene relación con lo dicho por Bolívar y lo hecho por Maduro, pues la acusación de traidores y criminales que El Libertador hizo contra los sacerdotes católicos por fin fue escuchada, y el dedo acusador de la Justicia que hoy señala a los jerarcas de la Iglesia les advierte que no sigan atentando, pues la impunidad de los delitos, que en un tiempo fue absoluta en Venezuela, dejó de serlo.
Que la dama de los ojos vendados, con espada en una mano y en otra la balanza, no está dispuesta a tolerar el delito de la influencia eclesiástica que hace 200 años sublevaba pueblos y ciudades, como tampoco el pueblo, que adquirió conciencia política y social, por lo que hoy no escucha los “cantos de sirena” de los sermones y declaraciones y desestabilizadoras de los jerarcas de la Iglesia.
Como puede constatarlo hoy el mundo tras finalizar la Semana Santa, viendo la aplastando derrota sufrida por otra de las conjuras que en el marco del Golpe de Estado continuado de más 18 años adelanta esa canalla contra la Revolución Bolivariana, gobierno y pueblo venezolanos que una vez más se lleguen victoriosos sobre las hordas del fascismo imperial y sus secuaces.
Y que este Domingo de Resurrección Venezuela recibió junto con el resto del mundo las bendiciones de la oración Urbi et Orbi del Papa quien reiteró su llamado a “construir puentes de diálogo perseverando en la lucha contra la plaga de la corrupción y en la búsqueda de válidas soluciones pacíficas ante las controversias, para el progreso y la consolidación de las instituciones democráticas, en pleno respeto del estado de Derecho”
Un principio ignorado por los dirigentes de la oposición golpista criollos, que deberán enfrentan el inminente juicio de la justicia, tras la captura y confesión de varios de los terroristas que actuaron en los disturbios de Semana Santa permitió a las autoridades obtener pruebas irrefutables de su autoría en el fracasado Golpe de Estado que adelantaban en complicidad con el fascismo internacional.
El anuncio lo hizo la noche del domingo el Presidente Maduro, quien presentó varios vídeos en uno de los cuales aparece uno de los terroristas detenidos, identificado como Guido Rodríguez, admitiendo su participación en las violentas marchas opositoras, que igualmente fueron exhibidas parcialmente en los vídeos.
A partir del anuncio presidencial, ante el pueblo venezolano se abre un horizonte de fe y esperanza en una paz duradera, ajena a la incertidumbre generada por la violencia conspirativa de quienes pretendían arrastrarlo a la guerra y que ahora deberán pagar por los crímenes que cometieron, que de seguro negarán como siempre lo hace el criminal sorprendido en flagrancia, pero que esta vez no podrán escapar de la justicia que, aunque tarde, siempre llega.