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Historia de Judas traidores, Caínes envidiosos e ingratos “leprosos“
por Hernán Mena Cifuentes
Martes Abril 2017 - 06:51 AM

Existen vicios morales como la traición, envidia y la ingratitud que corroen las mentes de quienes muerden la generosa mano del pueblo venezolano que defendió y rescató a varios de sus pueblos de las garras de invasores con su “Ejército forjador de Libertades” y siempre a acudir en su ayuda cuando la adversidad los asola.
Son reencarnación de bíblicos personajes como, Judas, el que por 30 dinares traicionó al Maestro; de Caín, el envidioso que con una quijada de asno mató a Abel, su hermano y de los leprosos purificados por Jesús, que malagradecidos ni siquiera regresaron a darle las gracias por milagro de haberlos sanado.
Son presidentes, ex mandatarios y cancilleres de algunos países de la Patria grande y sus embajadores ante la OEA, cueva donde se ocultan esos delincuentes, quienes por el puñado de dólares que les arroja el Imperio, junto con la oligarquía criolla, violando los lazos de hermandad que unen a sus pueblos con el venezolano se confabularon para destruir la Revolución Bolivariana.
Tan ciegos estaban por el odio y la ira, que lanzaron las piedras de su traición envidia e ingratitud contra el irrompible tejado revolucionario, que olvidaron que el suyo era tan frágil que al rebotar sobre su techo muchas de ellas, se desplomó poniendo al descubierto la trágica situación que viven sus nobles pueblos.
Tan desolador panorama exhiben esos países aquejados por plagas políticas, económicas y sociales difícilmente superables, que algunos expertos los consideran como “Estados fallidos”, caos que pudo evitarse, si en vez de estar agrediendo a Venezuela, en acción conjunta con ese país, siempre dispuesto a ayudar a todo el mundo, hubiesen buscado soluciones efectivas para erradicarlas.
Pero ¿qué les importa la suerte de sus pueblos a esos gobernantes, si algunos de ellos son genocidas que permiten u ordenan a sus militares y policías el asesinato de líderes indígenas y campesinos que protestan contra el hambre y la miseria en que viven, el ecocidio que perpetran impunemente las transnacionales y la matanza de periodistas que denuncian esos crímenes?
Otros, cómplices por acción y omisión, de las masacres de los cárteles del narcotráfico, de militares y paramilitares que hicieron de sus países cementerios de fosas comunes donde yacen decenas miles de víctimas y mientras en uno de ellos el tráfico de droga aumenta cada día, en el otro su cultivo se ha duplicado y uno de ellos aplaudió el bombardeo yanqui de una base aérea siria.
Cómo no habría de hacerlo, sí él hizo lo mismo, bombardeando un campamento enemigo, violando como hicieron los yanquis en Siria, la soberanía e integridad territorial de otros país, crímenes de guerra hasta ahora impunes, cuyos autores, mas temprano que tarde habrán de enfrentar el juicio de la Justicia que aunque tarda, llega.
Otros, corruptos y conspiradores de oficio que asestaron golpes de Estado Parlamentarios contra legítimos gobernantes democráticos a los que tratan de impedirles aspirar de nuevo a la presidencia, pues saben perfectamente que si lo hacen, la inmensa mayoría del pueblo volvería a votar por ellos.
Y ese otro, que recibió durante la visita que le hizo su amo, la receta con el “remedio” de las Privatizaciones que prescribe el Capitalismo salvaje y su modelo el Neoliberalismo para recuperar y fortalecer el vigor de las transnacionales adquirido durante la “Década Perdida”, debilitado durante “Década Ganada”, que llevó a su pueblo a la cima del bienestar y que volvió a caer a abismos de miseria.
O aquel que habla mejor el inglés que su idioma natal y que en una conferencia dictada en una Universidad gringa ofendió a los pueblos de América Latina comparándolos con animales, afirmando que, “con excepción de Venezuela, son mansos perritos bonitos echados sobre la alfombra sin hacer daño”.
El Presidente Nicolás Maduro, condenó enérgicamente sus declaraciones, que calificó como una “barrabasada” y condenó enérgicamente,llamándolo a retractarse de lo afirmado.
La canciller Delcy Rodríguez, llamó “cobarde” por haber mancillado la memoria de Chávez, pregúntándole: ¿por no lo hizo antes, cuando él estaba vivo”, (sabía lo que le esperaba si lo hacía) diciéndole además al ofensor que é les “El l único perro simpático que sirve al imperialismo norteamericano”.
Así le respondió la Canciller a quien renunció a su nacionalidad de origen y adquirió la yanqui para hacer negocios en Wall Street y que volvió a adquirirla para poder postularse nuevamente postularse a la presidencia, pues ya lo había hecho ilegalmente en el anterior proceso comicial bajo su nacionalidad de origen, perdida al asumir la nacionalidad estadounidense.
La reacción del ofensor fue la de un demente enfurecido. Llamó a consultas a su embajador en Caracas y envió una nota de protesta por las “inaceptables” declaraciones del mandatario y la ministra e instruyó a su canciller para dar una rueda de prensa en la que el ministro ofendió la inteligencia de los periodistas y la cualquier lector, o televidente con dos o más dedos de frente.
Y es que, para asombro de los comunicadores sociales presentes, aseguró cínicamente que las palabras de su presidente “fueron mal interpretadas, que no pretendían satanizar a América Latina, que la frase que usó el mandatario, al designar a los latinoamericanos y caribeños como “perritos bonitos” que no hacen daño, es una expresión idiomática y metafórica” que se usa en ambientes académicos.”
Por eso, y por otras tantas perversidades que cometen, para evitar ser víctimas de nuevas maldades suyas como sus acusaciones plagadas de mentiras, es aconsejable analizarlas exhaustivamente para no caer en las trampas que encierran, lo mismo que recurrir a los mensajes sabios que transmiten algunas obras ejemplares como la Biblia, especialmente el versículo (Mateo 7: 15-21) que dice:
“Cuídense de los falsos profetas, se presentan ante ustedes con piel de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol sano da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, como tampoco un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Por lo tanto, se reconocerán por sus obras.”
Dicho pasaje en la Biblia católlica está seguido de un comentario, el cual señala que: “De modo más amplio, las palabras de Jesús se dirigen a todos los que fomentan la división, la mentira y la violencia, aún cuando pretenden servir a una causa justa.”
Llama la atención, lo expresado en su mensaje, ya que, pese a que fue escrito hace unos 2.000 años, tiene y cobra hoy tal vigencia, que parece dirigirse a esa canalla injerencista de la OEA que busca aplicar la Carta Democrática a Venezuela y a los golpistas criollos que solicitaron su aplicación en un acto de traición a la Patria, como jamás conoció la historia.
A esos apátridas que con la violencia callejera de sus “manifestaciones “pacíficas” pretenden incendiar a Venezuela en busca de unos muertos para que el Imperio intervenga militarmente en el país para “restablecer la paz”, excusa que EEUU usa para derrocar gobiernos, como sugirió ante el Senado, Kurt Tidd, jefe del Comando Sur del Ejército yanqui.
Y es que la fuerza y la violencia es el recurso al que recurren todos los fascistas, cuando fracasan sus diabólicos planes, como lo hicieron el pasado 3 de abril en su cueva de delincuentes de cuello blanco que es la sede de la OEA ubicada en el mismo corazón del Imperio, cuando en un acto de desesperación que es muy mala consejera, pisotearon la Carta fundamental del foro hemisférico.
Fue un arranque de desesperación y de locura, propio de su compulsiva y demencial afán de destruir la Revolución Bollivariana, el que los llevó a desatar el “Golpe de Estado Institucional” que derrocó al Presidente y al Vicepresidente del Consejo Permanente de la OEA y delegados de Bolivia y Haití respectivamente e imponer como titular del mismo a uno de la pandilla, el delegado hondureño.
Lo hicieron para aprobar la írrita, ílegal e ilegitima medida de aplicar la Carta Democrática, el sueño de “Almugre”, el Caballo de Troya que el Imperio colocó en la Secretaría general de la OEA, en burda imitación del artilugio, que según narra La Odisea, los griegos abandonaron en la playa con soldados ocultos en su interior que salieron por la noche para tomar y quemar la ciudad fortificada.
Un acto amoral que demuestra de lo que es capaz esa canalla en su demencial empeño de destruir el inédito y pacífico proyecto político e ideológico de Chávez continuado por Maduro, su hijo político y heredero de su legado, fallida de una minoría que abre las puertas para su enjuiciamiento, proceso que llevaría a la destitución de Almagro y a la desintegración de la OEA por su inoperancia.
Los primeros pasos a dar ese sentido, es acudir a la ONU y demás instancias internacionales con competencia para juzgar delitos como ese y corresponde hacerlo a Venezuela y demás países miembros del foro con gobernantes que tienen como norma en todas sus actuaciones ceñirse al principio moral y ético que emana de la frase de Benito Juárez que sostiene que
“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la Paz”.
Solo así, apegados rectamente a ese principio, no con desvíos como lo hace esa caterva de traidores, ingratos y envidiosos que atraídos como los insectos por la brillantez de la luz, lo son por el brillo del oro que el Imperio les arroja, podría terminar esa vorágine de ira, revanchismo y odio con que pretenden ahogar a Venezuela.
“Desengáñese comadre”, como dijo el poeta.
Y es que es imposible arrancar de sus mentes invadidas por la miseria humana que las corroe, esos bajos sentimientos como la Envidia, de la que Molliére dijo:
“Los envidiosos morirán, pero la Envidia es inmortal”.
La Ingratitud, de la que Cervantes en labios de El Quijote dijo que:
“De gente bien nacida es agradecer los beneficios que recibe, y uno de los Pecados que más a Dios ofende es la Ingratitud.”
Y de la Traición, que de quienes la practican, Emiliano Zapata dijo:
“Muchos de ellos, por complacer a tiranos, por un puñado de monedas, o por cohecho o soborno están traicionando y derramando la sangre de sus hermanos”
Frases célebres dichas por famosos personajes de la historia, “Una verdad como un templo”, irrefutable, absolutamente evidente, sobre esos vicios morales que cargan sobre sus conciencias quienes traicionan, envidian y son ingratos, seres que perdieron el honor y la vergüenza, plagas de la sociedad humana condenados al basurero de la historia.
Quienes desde hace mas de 18 años acompañan como “perros falderos” a EEUU en su conjura contra Venezuela: los agazapados en la OEA; los apátridas criollos, algunos gobiernos europeos y los medios mercenarios nacionales e internacionales que con su guerra de Cuarta Generación ha derrocado gobiernos negadps a convertirse como ellos, en vasallos del Imperio.
Los que asumieron como su amo, el papel de policías y de jueces y que pretenden convertirse en verdugos de la Revolución Bolivariana, proceso político e ideológico que por sus principios y valores que defiende a capa y espada un gobierno legítimo y democrático como el de Maduro, es blanco del más brutal ataque conspirativo desde la OEA y demás feudos imperiales.

El más vergonzoso y condenable de todos, es el lanzado por esa jauría de apátridas que el 11-A asestaron el cobarde y fugaz Golpe de Estado que derrocó a Chávez del que este martes se cumplen 15 años, los que fueron derrotados por el pueblo y la FANB que en menos de 48 horas restituyeron en el poder al mandatario.
¨Fue un delito de traición a la patria que muchos países del mundo se castiga con la pena máxima.
¿Y qué hizo Chávez?
Los perdonó a todos, en hermoso gesto de magnanimidad, que solo corazones nobles como el que poseía pueden albergar. Les tendió su mano y los llamó a reflexionar, a pedirles que dejaran la conjura, a no seguir transitando por los estrechos y oscuros senderos del golpismo, a tomar las ampllas e iluminadas alamedas de la democracia, donde la paz y la armonía hacen feliz al pueblo.
Pero más pudo la ingratitud, la traición y la envidia, y volvieron a sus andanzas de golpistas. Son los mismos, los que importaron paramilitares colombianos para asesinar a Chávez; los que al llamado de Capriles, frustrado y rencoroso por la derrota sufrida ante Maduro, los mando “sacarse la arrechera” en la calle y asesinaron a 11 inocentes venezolanos, 2 niños 1 mujer entre ellos
Los que arengados por López, María Corina y Ledezma en febrero de 2014 desataron la espiral de violencia, destrucción y muerte que fue “La Salida”con sus guarimbas incendiarios y barricadas asesinas que causaron la muerte de 43 venezolanos y lesiones, muchas de ellas graves a más de 860.
Talaron árboles, incendiaron la biblioteca de universidad con miles de libros, camiones-cisternas llenos de combustible, ambulancias, patrullas, estaciones del Metro, metrobuses con sus conductores dentro, centenares de hectáreas de vegetación del Waira Repano y un kínder con 89 bebes en su interior que se salvaron gracias y la heroica y oportunidad intervención de los bomberos.
Sus líderes son esos fieles cristianos que el Domingo de Ramos, entre cantos y palmas benditas fueron a la iglesia a orar por la paz de Venezuela y el mundo, recibieron del cura la hostia sagrada, “el cuerpo de Cristo” y salieron bendecidos a ordenar a sus violentos a incendiar la calle con marchas “pacíficas”, agrediendo policías y guardias nacionales que velaban por el orden y a quemar y saquear comercios.
Que acuden a los templos en piadosa peregrinación para visitar y orar ante los Siete Monumentos y mientras afuera ardían las guarimbas “móviles”, su nueva táctica de violencia, ansiosos esperaban el Domingo de Resurrección para confesarse y comulgar de nuevo, y “lavados” todos sus pecados, volver a sus andanzas criminales. Farsantes. Fariseos.
Y Fracasaron. No pudieron derrocar a Maduro, quien acabó con la impunidad de los conspiradores que por más de 2 siglos reinó en Venezuela y que Bolívar llamó “!Clemencia Criminal”! ya que siempre eran perdonados. La impunidad era absoluta -decía en el Manifiesto de Cartagena “A cada conspiración seguía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar”.
Y así, a lo largo de más de 200 años el país fue campo fértil para las conjuras contra “la salud del Estado”, hasta que Maduro dijo “basta” y comenzó a funcionar la justicia que llevó a la cárcel a conspiradores como Leopoldo López y obligo a otros a huir al exterior, donde siguen conspirando junto con los que aquí quedaron y con la pandilla que al mando de “Almugre” lo hace desde la OEA.
Conspiran desde adentro, los sobrevivientes del naufragio de la MUD, que se disputan como buitres, los restos de la nave “bandera” que se hundió por el sobrepeso de la carga conspirativa que llevaba a bordo, error de cálculo que les hizo creer que podían derrocar a Maduro, el Presidente-Obrero que los derrotó en todas las batalla de la guerra que lanzaron, seguros de que lo vencerían.
Hoy está por concluir el último capítulo de esta historia de Judas traidores, Caínes envidiosos e ingratos “leprosos, extraviados en un Laberinto sin salida, al que los arrojaron sus vicios morales que los llevaron a pactar con el Imperio, que “no tiene amigos, solo intereses” y que, como el Diablo, “mal paga a quien bien le sirve.”